Cristina Zheng tiene 20 años y llegó a Cantabria con tan solo nueve. Ha superado la barrera del idioma con la que tienen que lidiar todavía sus progenitores y representa la segunda generación de empresarios chinos en la región, una comunidad que en los últimos cuatro años ha visto duplicar su número. De los 96 autónomos procedentes del gigante asiático que había en 2006 la cifra se eleva ya a 203, según el censo de 2010.

Los empresarios chinos en la comunidad autónoma, la mayoría de ellos radicados en Santander y Torrelavega, han ido creciendo año a año y con ellos su capacidad de integración en la sociedad cántabra y el modo en el que desarrollan sus negocios. Del típico bazar evolucionado del ‘todo a un euro’ se ha pasado a boutiques especializadas en moda procedente de Italia.

El primer signo de este cambio es de hace meses. En el paseo de Pereda, la ‘milla de oro’ comercial de Santander, el local de la antigua agencia de viajes ‘Britour’ fue sustituido por una tienda hogar online barata de moda regentada por un empresario chino. Era el primer paso de un cambio de modelo y de una nueva orientación de negocio, pero con los mismos mimbres básicos: horarios extendidos, domingos abiertos, etc.

La tendencia es ya costumbre. Poco después los Almacenes Dinamarca de la calle Cádiz dieron paso a otra tiende de moda de nuevo diseño y, ya, de una notable envergadura en metros. El último ejemplo es el local inaugurado a principios de julio por Cristina Zheng que, pese a su juventud, se ha convertido en propietaria de un negocio de 280 metros cuadrados en la calle Castilla de Santander, antes ocupado por un videoclub, por el que paga 3.000 euros al mes de alquiler. Es «mucho dinero», reconoce, lo que la obliga, igual que a sus compatriotas, a trabajar sin descanso de lunes a domingo.Los chinos cambian los bazares por negocios especializados en moda

«No cerramos ningún día de la semana y abrimos al mediodía», advierte la joven empresaria, y añade que todavía le queda tiempo para divertirse con sus amigos «a partir de las diez de la noche». Tanto ella como la generación precedente que llegó a Cantabria hace más de una década, la mayoría de la región china de Zhejiang, tiene una cosa muy clara: «Hemos venido a trabajar».

El objetivo es ganar suficiente dinero para ayudar a otros familiares y luego, a la edad de la jubilación, regresar a China. «Por muy alto que sea un árbol, sus hojas siempre caen hacia la raíz». Un proverbio al que hace alusión Bing Zham, vicepresidente de la Asociación de Chinos de Cantabria, para reflejar la cultura de su país. Zham, propietario de una cadena cien, asegura que los autónomos chinos tienen que trabajar mucho para poder hacer frente al coste de los alquileres. Por algún local en las calles más céntricas de la capital se puede pagar hasta 9.500 euros al mes. La ropa llega de China o Italia a Madrid, desde donde se distribuye a diferentes ciudades entre ellas Santander.

El vicepresidente de la asociación, que domina bastante bien el idioma español, relata que ya no se pagan precios tan baratos por los productos procedentes del gigante asiático, debido al incremento de los salarios que se abona a los trabajadores, colectivo que hace años estaba integrado en un 80% por campesinos: «Ahora ha cambiado y las condiciones han mejorado».

Tanto el vicepresidente de la Asociación como su presidente, Zepu Yang, rechazan que los autónomos de su país tengan algún tipo de ventaja fiscal. «Pagamos todos los impuestos como los demás». Con más dificultades para expresarse en español, Yang explica que el 70% de los 600 chinos que viven en Cantabria proceden de su pueblo, Qingtian (al sureste de China).

Yang, propietario de un restaurante en Calderón de la Barca, actualmente en obras a causa de un incendio, llegó a España hace 20 años y lleva 16 en Cantabria. Tiene un hijo de 23 años que estudia Económicas y que, de momento, no quiere ser comerciante. «Su deseo es trabajar en una buena empresa», afirma Yang sin parar de sonreír.

La comunidad china tiene fama de ser muy cerrada pero son «gente seria para los negocios y se abren a los que no son de su país cuando tienen confianza». Lo dice Gonzalo Albo, gestor de la asociación de Chinos de Cantabria, que asegura que los autónomos chinos «están creando puestos de trabajo y generan mucho negocio a su alrededor».

También en el ámbito hostelero los chinos se están innovando. Es el caso de Guo Hang Wu y su esposa, Xiu Yan Guan, que han abierto un restaurante asiático en Marqués de la Hermida, en un local antes ocupado por un mesón.

En Torrelavega, también

La única tienda decoracion hogar online de moda, de 450 metros cuadrados, regentada por chinos en Torrelavega goza de mucha aceptación desde que fue inaugurada en noviembre. Su dueña, la joven de 27 años Irene Shengmei Lin Ye, dice que el éxito puede deberse a la «novedad» y advierte de que está «luchando» contra la crisis, como el resto de comerciantes de la ciudad. Reconoce que es un negocio más rentable y sencillo que los tradicionales bazares.
Shengmei llegó a España con su familia cuando tenía sólo 12 años. Después de residir en varias ciudades se estableció en Torrelavega hace ocho.

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