En el interior de las instalaciones huele a especias, pero para un olfato inexperto es imposible identificar ninguna de ellas. Sin embargo, la intensa mezcla es agradable y sorprendente, porque llega a la nariz del visitante de improviso nada más traspasar desde la calle la puerta del edificio donde la empresa Pambiótica tiene su sede.

Por el contrario, los olores son mucho más limpios en el campo y basta con pasar la mano sobre las plantas para que se levante un fuerte y perfectamente reconocible aroma a romero, lavanda o tomillo.

Ambos espacios están ubicados en el Balneario El Raposo, en el término municipal de Puebla de Sancho Pérez, por lo que el proceso productivo se realiza en un ambiente de proximidad. Las plantas aromáticas que se cosechan en las siete hectáreas de cultivo, se manipulan y envasan a escasos doscientos metros del lugar en el que se han cortado.

«Los consumidores deben tomar conciencia de los beneficios de producir alimentos más naturales»

Aunque esto no pasa con todos los productos terminados que comercializa la empresa. Hay otras materias primas que llegan desde bastante más lejos, porque no es posible alcanzar las más de cien referencias que tiene esta firma en el mercado solo con la producción de sus fincas.

Por ello, debe comprar una buena parte del producto que necesita. Además, muchas de las plantas no se pueden cultivar en el clima extremeño. «Todo es ecológico y siempre intentamos que la procedencia sea lo más cercana posible», afirma Javier Valadés, responsable comercial de Yerbal, la marca bajo la que se venden los productos de Pambiótica.

Esta compañía se dedica a cultivar de forma ecológica, seleccionar y envasar plantas aromáticas, que vende como especias, condimentos, tés e infusiones en varios formatos.

El romero, la albahaca y la salvia se cortan varias veces al año; mientras que el lavandín, el orégano y el tomillo solo en primavera

En sus terrenos hay seis variedades de cultivo: orégano, albahaca, romero, tomillo, salvia y lavandín. Éstas fueron elegidas tras unos ensayos realizados en las parcelas del balneario y en los que se valoraron otras producciones. «Las que seleccionamos fueron las que mejor se adaptaron a las condiciones del suelo y a la climatología de la zona», manifiesta David Llanos, responsable de la parte de campo de la marca.

Cosecha
Cada una de las plantas aromáticas con las que se trabaja en la empresa tiene, en cuanto a sus cosechas y duración, un comportamiento diferente en el campo.

Por ejemplo, la albahaca es anual. Todos los años muere, se retira y se planta de nuevo. «No soporta el frío, pero se le pueden hacer tres cortes al año, por lo que resulta rentable», detalla Llanos.

El resto de las plantas aguantan entre seis y ocho años y todas ellas se pueden cosechar desde el primer ejercicio, pese a que el volumen de recogida va aumentando en función de su crecimiento

Industria
El primer destino de la cosecha en la parte industrial es la mesa en la que se realiza una limpieza manual. La recogida se hace en verde, lo que dificulta la identificación de las malas hierbas. Así, éstas se retiran una vez que ha pasado un tiempo desde el corte y se reconocen de manera más sencilla.

Según se van limpiando, las plantas se introducen en pequeñas cajas negras dotadas con agujeros que permiten el paso del aire. Y es que una parte fundamental del proceso es el secado, que se efectúa en una cámara cerrada y oscura. «Son las mejores condiciones, porque la luz perjudica a la planta y hace que pierda color», indica Valadés.

De esta forma, en una estancia con aire caliente constante, que no llega a los 40 grados centígrados, las hojas y palos se van secando hasta alcanzar las condiciones óptimas para su conservación y consumo.

Hasta hace poco tiempo esta fase se hacía en un invernadero, pero en la actualidad dura entre 24 y 48 horas y está controlada por un ordenador. En el sistema operativo se introducen los datos del producto a secar y automáticamente gestiona la temperatura y el tiempo. «La alimentación del secadero se hace con biomasa, porque nos parece importante mantener la filosofía ecológica de la empresa con la utilización de sistemas de energía renovables», detalla Valadés.

El riego se hace por goteo y se utiliza el agua mineromedicinal del balneario reciclada

Pese a alcanzar el estado ideal, el producto todavía no está listo para su consumo. Falta el refinamiento, en el que se elimina todo lo que no sea la hoja de las plantas. En el secadero han entrado en bruto, según llegan del campo, y antes de su almacenamiento definitivo pasan por la máquina despalilladora. El sistema que se utiliza es una especie de colador en el que se van quedando los palos de mayor tamaño. «Estamos afinando este paso, porque tenemos que mejorar las prestaciones de la maquinaria», relata Llanos, en relación a que se deben hacer varias pasadas y con diferentes cribas para dejar el producto perfectamente limpio de impurezas.

Hay otra línea de negocio que consiste en vender a granel la producción que se ha recogido, pero siempre tras pasar por el secado y el despalillado.

Las últimas fases del proceso se realizan en la sala de envasado, donde todas las referencias toman su forma definitiva. «La misma máquina envasadora nos sirve para los tres formatos», dice Ismael Llanos, responsable de producto de Yerbal. Estas terminaciones son las latas destinadas a la cocina, que pesan entre 10 y 55 gramos; las bolsas ecologicas, con un peso que varía entre los 10 y los 150 gramos, y las bolsitas de infusiones. «Tenemos unas 40 referencias de especias y condimentos, 50 en lo que a plantas aromáticas a granel se refiere y una docena en las cajas de infusiones», completa Valadés.

Similar Posts

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *