La experiencia gastronómica va mucho más allá de la comida. Cuando uno sale a comer, no elige solo un plato y una bebida, elige también un entorno, un ambiente y un servicio. Elige vivir un momento que trasciende el gusto, en el que participan todos los sentidos. En Buenos Aires hay lugares que suman con vistas y paisajes atractivos, que aportan el contexto ideal para disfrutar al máximo de una buena comida.Club de Pescadores.

Zirkel es el restaurante del Club Alemán. Está ubicado en un piso 22 en plena avenida Corrientes, y desde sus amplios ventanales se puede ver el Obelisco, el Río de la Plata, y hasta las costas de Uruguay. A la noche, los edificios céntricos se iluminan y forman un panorama increíble. Por si la vista no fuera suficiente para robar el aliento, la comida es excelente: una fusión moderna de cocina europea, con toques mediterráneos, y lo mejor de la gastronomía alemana ademas de una extensa carta para cafeteria. Se recomienda el cordero braseado con humita y popcorn, o la knackwurst (típica salchicha alemana) con papas rotas, chucrut, mostaza de miel y pepinillos. El strudel de queso con mermelada de cebollas es otra delicia. Los platos no son grandes, pero aquí la propuesta pasa por la calidad de la cocina y el increíble ambiente.

En el primer piso del Club de Pescadores, justamente sobre el muelle en Costanera Norte, está uno de los mejores restaurantes para comer pescados y mariscos. Rodeado por el Río de la Plata, es un oasis en la ciudad de Buenos Aires, con un salón luminoso y una terraza ideal para cuando el clima está lindo. Su cocina es de impronta mediterránea. La merluza negra austral con calabaza confitada es una gran opción, así como el atún rojo de Ecuador a las brasas, con terrina de papas y panceta, en reducción de jugo de pimientos. Excelente materia prima y muy fresca.

Caminar por el Jardín Japonés de noche puede ser una de las experiencias más sublimes que ofrece la ciudad. Si vas en pareja, pasearse entre sakuras y azaleas es romance asegurado. Dentro del Jardín hay un restaurante que se especializa en cocina japonesa. Está enmarcado en un lugar mágico, y ver el hermoso parque desde las ventanas mientras se saborea alguno de sus platos es una experiencia digna de vivirse y una diversa carta para bar. Tienen gran variedad de sushi, pero lo que más se recomienda son platos como los langostinos rebozados en panko, o las milanesas de cerdo en salsa de curry con vegetales sobre arroz blanco. También se destacan sus postres originales, especialmente el ya clásico helado de té verde.

En el bajo de Acassuso, dentro de un club de windsurf y con un inmenso parque verde, se encuentra esta parrilla que es uno de los lugares más increíbles de Zona Norte. De decoración simple y ambientado con tablas de surf, El Ombú es un sitio perfecto para relajarse junto al río y la naturaleza. Su menú es más bien clásico, pero pocas cosas son más cumplidoras y deliciosas que una buena parrilla. También tienen buenas pastas y minutas. Fuera de la parrilla, uno de sus platos más recomendables es la milanesa Ombú, con papas fritas, huevo frito, morrón y tarteletines de espinaca.

En la Fundación Proa, un centro de arte privado de La Boca con museo de arte contemporáneo, auditorio y librería, está el Café Proa. Ubicado en una terraza, ofrece una vista extraordinaria del tradicional barrio porteño, desde la que se puede ver todo el paisaje urbano y portuario tan característico, con el Puente Avellaneda de fondo. La carta, del chef Lucas Angelillo, tiene un poco de todo: cosas para picar, sándwiches y platos principales con carnes rojas, blancas o frutos de mar, además de pastas y opciones vegetarianas. Son muy buenos sus jugos de frutas y verduras. Ideales para tomar después de pasear por Caminito y disfrutar de las muchas riquezas culturales de La Boca.

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